Opinión

EEUU ve a China como un desafío existencial

Expliqué anteriormente que la desenfrenada campaña de Trump contra China se sustenta en dos objetivos esenciales: uno, coyuntural, el proceso electoral; y el otro estratégico, el desafío que consideran representa China al dominio irrestricto ejercido por EEUU en el mundo.

El primero debe terminar con las elecciones, esperamos todos en fracaso, para el bien del planeta y también de EEUU. No obstante, hasta el traspaso del bastón de mando a Biden en enero, seguirá el pataleo y efectos que parecen de un verdadero “virus chino”. Obsérvese que “servicios de inteligencia” empezaron a acusar a China de no querer que Trump gane y a Rusia de hacer campaña contra Biden. La “amenaza existencial” que acompleja a Washington quitándole el sueño es obsesión a más largo plazo. Cualquiera, desde la Casa Blanca, tendrá como prioridad mantener el liderazgo de EEUU como único e imperial.

En reciente entrevista sobre su demoledor libro contra Trump y sus políticas, John Bolton, su exasesor de seguridad nacional, refiriéndose a la violenta confrontación con China, aseguró que el gigante asiático es “la cuestión existencial del siglo xxi” y agregó que todos se habían “dado cuenta tarde de que China es una amenaza…”.

Prueba incuestionable del extraordinario desarrollo y potencial que ha alcanzado Beijing. Ni la URSS asustó tanto, a pesar del potencial nuclear que sí era una amenaza militar y con política de expansión ideológica a partir de una vasta red de partidos comunistas afines que se planteaban como objetivo construir una sociedad comunista tomándola como modelo. No es el caso de la China del siglo XXI y su peculiar estrategia de desarrollo centrado en lo que califican como “socialismo con características chinas”.

No hay dudas que habla de “características” propias, no sustentadas en un principio ideológico universal. Su modelo de desarrollo es producto de una combinación de planificación estatal y apertura económica orientada, en buena medida, al mercado, puede servir de referencia y antecedente, pero no es exactamente replicable en ninguna otra nación.

En esencia el tema chino no es promover un mundo asentado en su “socialismo”, sino en altos niveles de desarrollo que fomenten el beneficio y la elevación de los estándares de vida en las naciones llamadas “en desarrollo” y en la propia China. Es un esquema enfocado en “ganar-ganar”, un escenario que está resultando incomprensible para norteamericanos y aliados hegemónicos.

Éstos saben que se ha ido configurando un mundo muy diferente al de su reinado neocolonial irrestricto el que la pandemia, por encima de toda la campaña alimentada con cuanto elemento se les ocurre, perfila uno nuevo en el que, ineludiblemente, un actor acrecienta su influencia en tanto otros ven con pánico que tendrán que compartir influencias y verán reducir su capacidad de hegemonía. De eso se trata y no de otra cosa.

China seguro sabe que se ha adentrado en un mundo en que su protagonismo será inevitablemente compartido y tiene que vivir con eso. Sin embargo, EEUU y aliados no soportan la idea de no poder seguir imponiendo su voluntad y no pueden vivir con eso. Comoquiera, todos viviremos con eso porque el mundo es ya irrevocable.

Por: EDUARDO KLINGER PEVIDA

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