Cultura

El doctor Balaguer visto a través de un prólogo

(Con motivo del decimoctavo aniversario de su muerte)

Siempre lo he dicho: para desmadejar los hilos causales que siempre movieron el comportamiento político del expresidente de la República Dominicana, doctor Joaquín Balaguer (Santiago 1 de septiembre de 1906 – Santo Domingo, 14 de julio de 2002 ), es necesario leer las ideas o concepciones plasmadas en sus escritos.

En otras palabras, para conocer al auténtico Joaquín Balaguer tenemos, necesariamente, que estar en contacto y desentrañar el contenido profundo de su producción bibliográfica.

Entre todos sus textos, existe uno que a nuestro juicio, y coincidiendo así con el fenecido y otrora polémico escritor Juan Isidro Jiménez Grullón, retrata mejor que ningún otro la verdadera personalidad del autor de “Los carpinteros” (1985) y de “El cristo de la libertad” (1970). Nos referimos al prólogo de su “Tebaida lírica” (1924).

En 1922, cuando apenas tenía quince años de edad, el Dr. Balaguer publicó su primer libro de versos: “Claros de luna”, obra cuyo valor literario, al parecer, fue bastante vapuleado por la crítica literaria de entonces.

Balaguer, que nunca aceptó ni muchos menos perdonó las críticas de sus adversarios, aprovechó el prólogo del siguiente libro publicado, “Tebaida lírica” (1924), para responder en forma rabiosa a quienes osaron cuestionar las credenciales estéticas de los primeros “partos de su fantasía”. He aquí una especie de breve informe descriptivo acerca del contenido del prólogo en cuestión.

Una sola oración le basta al autor para anunciar su ardiente ensañamiento:

“Abro este paréntesis para llenarlo de odio y de gratitud”.

¿A quién dice odiar quien fuera uno de los más brillantes oradores dominicanos? Estas son sus palabras al respecto:

“Odio a los que en plazas y corrillos me combatieron acerbamente: odio a los poetas afeminados que envidian la virilidad de mi arte: odio a los consagrados que no han querido tenderle la mano al jovenzuelo imberbe que los abruma con su orgullo, y odio, finalmente, a todos los pachecos que, no atreviéndose a combatirme con la pluma, se encogieron de hombros cuando vieron al mozuelo audaz cruzar tras la apolínea caravana”.

Mientras su expresión de odio engloba a lo que él llama “rebaño de intelectuales imbéciles”, la nota de gratitud se reserva de manera exclusiva para César Tolentino quien “al aparecer mis Claros de Luna”, afirma Balaguer, “fue el primero que me saludó como a un compañero novel acogiendo en las columnas de La Información los partos de mi fantasía”.

Al tiempo de manifestar su único agradecimiento al entonces director del diario La Información, Balaguer confiesa que no precisa del concurso de los demás para desenvolverse como ente social. En tal sentido apunta lo siguiente:

“… Y a él es el primero y quizás al último que puedo agradecer algo, porque aún tengo el orgullo de ser, en nuestro medio árido, como una planta rara que sólo necesita vivir de la savia de su arte y del aire que respira en la atmósfera de sus sueños. Por eso pongo entre este zarzal de odios una sola flor de gratitud”.

Pero ese “zarzal de odios” parece desbordar los límites del “rebaño de intelectuales imbéciles” de nuestro país, para volcarse en contra del medio geográfico en que nació y creció el eterno inquilino del Palacio Nacional. De ahí que más adelante exprese con furia incontenible:

“Yo aborrezco el ambiente en que me ha tocado nacer, pero aborrezco más a los intelectuales (con muy pocas excepciones) con quienes he tenido la mala suerte de codearme”.

En el párrafo que sigue, el Dr. Balaguer manifiesta en forma clara y precisa el alto placer que experimenta frente al encono, quejas o protestas de quienes lo enfrentan:

“Mi Tebaida Lírica – declara de manera enfática-molestará a muchos (yo gozo molestando) y algunos rebuznarán como borricos (yo gozo oyendo rebuznar) en la estéril sabana de las letras”.

Y concluye su famoso prólogo con un reto que no podía ser más sugerente o sintomático:

“Pero yo, como el poeta Adán Aguilar, a todos los espero para combatirlos, uno a uno como caballeros, a todos juntos como malandrines”.

En torno a las citas precedentes valdría concluir afirmando que el Dr. Joaquín Balaguer fue bastante coherente con su pensamiento político, pues se necesita aborrecer «el ambiente en que me ha tocado nacer…» para convertirse en títere o mano derecha de un dictador como lo fue el presidente Rafael Leónidas Trujillo, y haber encabezado él mismo un período de terror, corrupción y violación a los derechos humanos como fueron sus tristemente célebres doce años de gobiernos (1966-1978).

El autor es profesor universitario de Lengua y Literatura

dcaba5@hotmail.com

$!Domingo Caba Ramos
Domingo Caba Ramos 
Por: Domingo Caba Ramos

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