Opinión

Entre el espanto y la cordura

Como buen clase media dominicano voté al PRM en las pasadas elecciones con el único objetivo de sacar a Danilo Medina y su camarilla del poder. Y es bueno aclarar que no pertenezco a la clase media definida recientemente por Bernardo Vega a partir de las declaraciones juradas de bienes. Soy un auténtico clase media que trabaja este mes para cubrir el mes siguiente y nuestros ahorros familiares -magros- son para respaldar el desarrollo personal y académico de mis hijos.

No le hice caso a eso del “cambio” porque sabía que eran dominicanos los recién llegados al gobierno, iguales que los que siguen a Danilo, a Leonel o Hipólito. Los mismos dominicanos pequeñoburgueses que Bosch intentó cambiar de mentalidad en el PRD y luego en el PLD con nulos resultados.

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¡Y lo logramos! Sacamos a Danilo, al Penco y bojote de funcionarios que depredaban el erario de manera salvaje. Y mi raciocinio indicaba que ahora les tocaba a los recién llegados hacer algo parecido, quizás con un poquito más de discreción, con menos hambre atrasada, precisamente por los criterios de Vega.

Grande fue mi susto cuando arrancó Abinader con un carro eléctrico asistiendo al Congreso, juramentado un ministerio público independiente, ofreciendo eliminar instancias parasitas del Gobierno y algunos de sus congresistas declarando que no iban a aceptar el barrilito. De pronto todo lucia que avanzaban hacia un verdadero cambio.

El espanto que sentí fue terrible. Imaginé mil cosas: que habían estado importando suizos y alemanes sin que nos diéramos cuenta, que el presidente se había criado en Noruega -tesis que no era factible porque yo le di clases a él en INTEC en los 80- o que estaban como gabinete comiendo o bebiendo algo que les afectaba sus genes dominicanos. Fueros varios días angustiosos después del 16 de agosto, terribles, creía que había perdido totalmente mis facultades de analizar la sociedad dominica.

Pero gracias a Dios la calma volvió y mi tesis de que eran dominicanos de verdad -y no extraterrestres disfrazados de criollos- retornó a mi conciencia. Volvieron los apagones de tandas extensas como para dañar los alimentos de la nevera.

La lucha por la JCE es en base a conexión política partidaria de manera salvaje con Hipólito y Danilo sacándole la alfombra a Luis debajo de sus pies. Seguimos endeudándonos y buscando los motivos pertinentes para justificarlo.

Las familias completas nombradas se explican por sus capacidades y porque no hay nadie más en este país que pueda desempeñar esa función. El ministerio público luce tan quieto y pacifico como pequeño lago con buen clima. Ministros relevantes ya están reclamando puestos de trabajo para los compañeritos de base. Se esfuerzan en cambiar la ley para imponer un director de INAPA. Y hasta trumpistas han sacado la cabeza para forzar al gobierno a bajar la cerviz frente al imperio del norte y renegar de los ideales de Peña Gómez. Más o menos igualitos que el gobierno pasado y el anterior y el anterior…

¡Son dominicanos! Semejantes que aquellos que sacamos y los que vendrán después. Puros dominicanos con sus mañas de nacimiento y su facilidad para adaptar discursos y prácticas “asigún”. Podemos vivir en paz, conociendo claramente lo que podemos esperar de ellos, aunque a veces amenacen con hacer algo diferente. Recuerden aquello de “hacer lo que nunca se hizo” que también nos sorprendió, pero al final hicieron lo mismo.

Doy gracias a todas las ánimas por sacarme de semejante trance que amenazaba con llevarme a la locura. Y le solicito al Sr. Presidente -ya sé que no debo llamarlo licenciado- que no vuelva a provocarnos la angustia de hacernos creer que va a cambiar esta sociedad. Que sea un dominicano más. ¡No nos asuste de nuevo!

Ahora, confesando lo más hondo de mi sentir, si decide hacer los cambios prometidos, si el presidente Abinader se toma en serio su discurso, que lo haga en grande, que no se distraiga en detalles. Asústenos de verdad, no nos allante, ni se deje narigonear por los políticos rancios de su partido y la oposición. Y si algunos de los escogidos en este primer mes él descubre que no está por cambiar de verdad, que lo cambie de una vez antes de que eche raíces.

Por: David Álvarez Martín

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