Opinión

Los cedros de Dios

Beirut. Martes 4 de agosto de 2020, a las 18.07, hora local, ha ocurrido una tragedia histórica con la explosión no-nuclear más grande de la historia. En ella perdieron la vida al menos 164 personas y hay más de 6,000 heridos y centenares de desaparecidos. Beirut de nuevo ha vuelto a los tiempos en que fue destruida; al menos 5 veces, desde la guerra civil de 1975, que terminó en 1990. Y en particular, por Israel y el Hezbollah.

Si hubiera sido un día normal en Beirut, una ciudad multicultural, sin desierto y cipreses de cedros, de apenas un (1) millón de habitantes, la gente estaría disfrutando del clima mediterráneo que llega hasta Oriente Próximo por el oeste.

Desde la OLP (1967) ya no hay misterio en el Líbano. Se han entretejido todo tipo de historias sobre la situación de ese país en la guerra de Medio Oriente, que nunca termina. La historia del Líbano es más tupida que toda su situación actual: es una ciudad de vanguardia económica.

Surgió como república en 1943, bajo el protectorado de Francia, y paulatinamente se convirtió en un importante centro financiero de la región, lo que significó que tuvo una gran prosperidad económica. Pero entonces vino la guerra civil y el Líbano se devastó.

Actualmente vive una crisis económica y también está la pandemia del coronavirus. Después de esta desgracia nacional, esta nación no podrá salir a camino si no recibe la ayuda de la comunidad internacional.

Beirut es la ciudad que más se esfuerza por ser Occidente. Ha optado por no más guerras y actualmente es la que menos irrita en política internacional. Pero Beirut ya no es una ciudad en ruinas; ella cuenta otra historia. Su composición es de 40% de cristianos y el resto de musulmanes. En su lienzo patrio, la república libanesa exhibe un árbol de cedro de pinaceae, el árbol nacional.

El Líbano, heredero de la cultura fenicia y de los sumerios, acoge en su pasado una de las historias más interesantes de la función del cedro en la región. Los barcos fenicios, los templos egipcios, la circuncisión y el tratamiento de la lepra que utilizaron los judíos, el aceite de cedro de los otomanos, fueron de las múltiples utilidades del cedro. Y quizás, lo más significativo: el templo de Jerusalén, los palacios de los reyes David y Salomón, así como la cruz en el Gólgota en fue crucificado el mismo Jesucristo fue hecho de madera de cedro.

En las laderas del monte del Líbano se conservan los cedros de Dios con forma piramidal, punta cónica, tienen una altura de hasta 40 metros, son bellos y longevos, además de un olor especial. Son los verdaderos supervivientes de la historia de esa nación árabe, por siglos representaron lo mejor de las culturas de asirios, los babilónicos, los persas y de los fenicios.

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