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Qué es la minga indígena y qué papel juega en las manifestaciones

Un colectivo de organizaciones indígenas de Colombia se movilizó este fin de semana en la ciudad de Cali para unirse a la ola de manifestaciones que han sacudido el país en los últimos 12 días y debilitado el gobierno del presidente Iván Duque.

La marcha se conoce como Minga, una palabra indígena que puede implicar una reunión de diversos actores, saberes y herramientas en busca de un objetivo común, pero en su contexto más reciente significa resistencia o protesta en busca de la reivindicación de derechos.

Cali, la tercera ciudad de Colombia, de 2,2 millones de habitantes, se ha convertido en el epicentro de las protestas sociales contra el gobierno, con multitudinarias movilizaciones, bloqueos de carreteras, represión de las fuerzas de seguridad, vandalismo y enfrentamientos violentos.

Este domingo hubo más violencia cuando, según denunciaron fuentes indígenas, grupos civiles agredieron a los participantes de la minga con armas de fuego. Los civiles, por su parte, dicen que fueron ellos las víctimas de ataques con machetes y vandalismo contra sus propiedades.

El presidente Duque solicitó al Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) -la organización que agrupa 90% de las comunidades indígenas de esa región suroccidental aledaña a Cali- que ordene a sus manifestantes a que retornen a sus resguardos «para evitar confrontaciones innecesarias».

Esta no es la primera vez que las comunidades indígenas organizan una minga para exigir que el gobierno responda a sus reclamos.

«Hasta que se apague el sol»

En octubre de 2020, unos 8.000 indígenas se desplazaron hasta la capital, Bogotá, para unirse al Paro Nacional de Colombia, un movimiento de protesta que había nacido un año antes demandando soluciones económicas, educativas y de orden público.

Ese mes, la minga llegó en masa a Bogotá, con banderas, cánticos y tambores -apoyada por la alcaldesa, Claudia López- y con el objetivo de promover un movimiento que insiste en mantener vigentes sus demandas por un país más democrático, pacífico e igualitario.

Los indígenas buscaban una reunión con Iván Duque, pero el presidente se negó a prestarse para «una negociación con ultimátum» y criticó las marchas en tiempos de pandemia.

Mientras que algunos de sus aliados políticos del gobierno dijeron que los indígenas estaban infiltrados por la subversión, funcionarios gubernamentales propusieron mesas de negociación lejos de la capital.

Pero la minga logró apuntalar el movimiento del paro nacional que se había visto frenado por temores legítimos del contagio de coronavirus y represión policial que había dejado un saldo de 13 manifestantes muertos.

El Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), convocó a la minga en Cali.

Ahora, se unen con consignas comunes a una protesta que ha cobrado mayor ímpetu en los últimos días en Colombia.

«Venimos al paro porque el gobierno no ha respondido a nuestras peticiones», dice una dirigente indígena citada en una crónica que publicó el CRIC en su página web que insta a la resistencia «hasta que se apague el sol».

La crónica insiste en que «No somos vándalos, somos indígenas y venimos de todas partes del Cauca, no somos delincuentes, somos seres humanos que venimos a reclamar se retiren las normas que afectan a nuestro país».

Histórica, heterogénea y hecha para protestar

En quechua, la palabra «minga» o «minka» hace referencia a la reunión de diversos actores, saberes y herramientas en busca de un objetivo común.

Es una institución precolombina que sirve para todo: desde la construcción de un puente hasta la preparación de un almuerzo.

En 2020, la minga llegó y protestó en Bogotá y buscó un diálogo con el presidente Duque.

«En lo político es igual», explicó Marilen Serna, miembro de la comisión política de la minga, cuando fue entrevistada por el corresponsal de BBC Mundo en octubre de 2020.

«Cada grupo apoya con lo que puede, comida, guardia, autoridades, música, pero el fin es la construcción de un país mejor», expresó.

Una cosa es la minga como acto de reunión y otra es la Minga Indígena, el movimiento de protesta que se creó en el sur de Colombia a finales del siglo pasado en busca de reivindicar sus derechos.

Cuando los indígenas de varios grupos sintieron que las pautas multiétnicas e igualitaristas de la Constitución de 1991 no se estaban cumpliendo, se organizaron y empezaron a protestar bloqueando una neurálgica carretera del sur del país, la Panamericana.

Desde entonces, los miembros de la Minga —con sus bastones de mando al hombro y un himno cumbiero que reza «defender nuestros derechos así nos toque morir»— se enfrentaron a todos los gobiernos, pero con picos de tensión importantes: en 2008, con Álvaro Uribe en el poder, en 2020 y ahora, con su aliado político, Iván Duque.

«En el 2008 nos movilizamos por cuatro elementos: vida y derechos humanos, territorio, paz y modelo económico. Y hoy, incluso con la firma de la paz, la situación es la misma. O peor, porque tiene el sinsabor del fracaso del proceso», explicó Serna.

El «bastón de mando» es el único instrumento que los indígenas dicen usar en sus protestas.

La firma del acuerdo de paz con la guerrilla en 2016 fue, en parte, una promesa de un país distinto para los pueblos, no solo indígenas, que habitan los territorios remotos de Colombia.

Pero desde la firma de la paz al menos 300 líderes indígenas —y 600 líderes campesinos, afro y sindicales— han sido asesinados, según la ONG Indepaz.

«Antes nos mataban, pero ahora estamos ante un genocidio», dijo Serna a BBC Mundo.

A eso se añade la situación estructural de los indígenas en Colombia, que representan un 5% de la población de 50 millones de habitantes: de los 66 pueblos indígenas del país, reporta la ONU, 34 están en vías de extinción; y, según cifras oficiales, la pobreza en poblaciones indígenas es del 63%, el triple que el promedio nacional.
El impacto en el Paro Nacional
Es probable que la Minga Indígena tenga más experiencia en protesta que cualquier otro movimiento político en Colombia.

«Así como el año pasado (2019) los estudiantes fueron el movimiento duro que jalonó la protesta, esta vez la minga indígena puede ser el impulso de una protesta más amplia«, dijo la politóloga Sandra Borda a la BBC en 2020.

La analista, autora del libro «Parar para avanzar», explicó que los indígenas tienen varias cosas en común con el Paro: la demanda por una implementación más proactiva del acuerdo de paz y principios como la protección al medio ambiente.

Ambos, además, cuentan con el apoyo de Claudia López, una líder emergente que sacudió la política colombiana.

La Minga, cuando llegó hasta Bogotá en octubre de 2020, fue recibida y alojada por la alcaldía, al mando de Claudia López.

Pero también cuentan con críticos, como el Consejo Gremial Nacional, una asociación de empresarios, que en un comunicado emitido en octubre de 2020, aseguró que el «incumplimiento (de protocolos de bioseguridad) atenta contra la salud, no solo de quienes hacen parte de la marcha, sino de todos los colombianos».

«Reiteramos nuestro llamado a que no se obstaculice el proceso de reactivación que avanza en el país y se respete el derecho de los ciudadanos a su libre movilidad y al trabajo, para garantizar el sustento de las familias y la sostenibilidad de los sectores productivos y las empresas», indicó la entidad entonces.

Borda, por otra parte, se preguntó si la sociedad colombiana está fatigada con la paz: «Enmarcar la protesta en la paz puede no resultar eficiente, pero si se hace una propuesta más amplia, como de protección a líderes sociales, la cosa puede funcionar mejor».

Margarita Martínez, codirectora de Robatierra, un documental sobre la Minga, coincide en que las demandas de los indígenas, con su marcha a la capital, se alinean con las del Paro: «Venir a Bogotá va más allá de reunirse con Duque: lo que buscan es ayudar a concientizar a la Colombia urbana, que ha estado tan alejada de la guerra, de lo que viven en sus territorios».

«Porque en el sur del país la vida está siendo mancillada, atacada y asesinada permanentemente. Y el objetivo de La Minga es decirle una cosa al país: que la vida es lo primero».

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