
Hacer introspección, y darse cuenta de que fallamos. En una índole política, hemos visto como se evalúan sufragios y en ellos se vislumbra la capacidad de quién caerá primero, o mejor; quién ha caído.
Cual flor de Mangano, tirando la piedra y escondiendo la mano; se ve la cobardía, y se olvida de que no se necesitan hombres virtuosos, sino, instituciones virtuosas, en casos de que falle el hombre (lo que suele ocurrir).
En un sentir muy individualista (más no egoísta, porque no son lo mismo), veo detrás, y no me apeno (pues solo se debería sentir pena por los muertos, y ni por ellos, ya que su sentencia está dictada, están fuera de este mundo y eso es suficiente); sino, que observo el panorama y me impresiono de ver cómo se jacta aquel que dice estar en la cúspide, sin enterarse de las cosas crecen de abajo para arriba, en vez de arriba para abajo.
Como diría Lewis en Mero Cristianismo: “Un hombre orgulloso siempre mira con desprecio a cosas y personas; y, por supuesto, cuando uno está mirando hacia abajo, no puede ver lo que está por encima suyo”.
Es importante bajar la faz y sus facetas de vez en cuando, pisar en tierra firme, y tener siempre el ego (para no perder mi percepción del yo); pero no colocándole como hápax en mi mundo y el de los demás. Hay cosas más grandes que yo.
Con entusiasmo, insto a no ver al otro con el ojo enemigo.
He de recordar que su fortaleza no es más que nuestra debilidad, sus triunfos han sido productos de nuestros escuadrones no beligerantes. La luz prevalecerá (y todo lo que tenga que ver con ella).
Esto tiene que ver con una acepción muy Laveyana, no soy mi propio Dios, y eso debo reconocerle. No me rindo culto yo, tampoco le rindo culto al Estado.
En este momento, es preciso y precioso el lapso de bona fide que nos quede, en instancia ex abrupto, y en lapso in crescendo de desconfianza, incluso de uno mismo




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