Opinión

COVID-19 y turismo en medio de un “cambio” e improvisaciones en RD

Luis Pérez Ovalle

La aparición de una nueva enfermedad infecciosa supone siempre una situación compleja, especialmente, si lo hace como una epidemia de extensión o gravedad significativas.

Los casos aumentaron rápidamente en Wuhan y en la provincia de Hubei, extendiéndose en menor número y con cadenas de transmisión limitadas por toda China. Hubo casos importados en más de 24 países, incluyendo la República Dominicana.

En esos momentos, vivimos las peores experiencias de la historia, mientras el perremeísta Luis Abinader llegó a la presidencia de la República en medio de una pandemia sin precedentes.

Quien se promovió como el candidato de “el cambio”, entre sus primeras acciones estuvo enfrentar el coronavirus para bajar las estadísticas de contagios y muertes.

Sin embargo, a los 100 días de estar gobernando, el COVID-19 seguía siendo un mal cargado de incertidumbres. De la anterior gestión presidencial, los actuales dirigentes mantienen un estado de emergencia que va rumbo a 15 meses, momentos de alarma que ellos, estando en la oposición, consideraban innecesario.

En la actualidad, podemos evidenciar que solo les conviene a un “grupito” que, con cualidades de funcionarios, proceden a fines de sus intereses. La muchedumbre, toca fondo.

El estado de emergencia generado por el COVID-19 nos  trajo temor, dolor, preocupación e inseguridad; a su vez, nos hizo ver la vida de diferente forma, apreciar todo aquello que quizás antes no le dábamos la importancia que merecía, como la familia, el trabajo  y el cuidado de nuestra salud, principalmente.

He tenido que reinventarme, reestructuré todos los planes que antes de la pandemia se encontraban a una esquina de realizarse.

Aprendí, por necesidad, la administración económica y, sobre todo, a lidiar con medidas inmaduras, exigidas por el cambio de gobierno.

El toque de queda, si bien es cierto reduce las cifras de contagios, el problema fue que nos llegó con un costo muy elevado que, como hemos visto en Alemania, Europa o América Latina, afecta a la sociedad en general, y no solo nuestra economía.

Nunca había sido tan alto el número de divorcios, de violencia contra la mujer y contra niños o de suicidios.

Estamos hartos de quedarnos en casa, se siente frustrante.

Pero, ¿cuál es la alternativa? Quizás habría sido mantener el distanciamiento social y el uso obligatorio de  mascarilla, y no “un manejo improvisado” de la pandemia que avanzó de forma alarmante.

Entiendo que fue estratégica la  designación de dos neumólogos para dirigir Salud Pública, al doctor Plutarco Arias como ministro, y a la doctora Ivelisse Acosta como viceministra de Salud Colectiva.

En medio de esta  gravísima crisis, generada por la pandemia del coronavirus, el gobierno de Abinader se trazó otra meta, reactivar el turismo en medio de la pandemia y, en momentos en que nos ahogábamos en los altos niveles de contagios los cuales crecían exponencialmente, tal propósito no parecía estar bien cohesionado ni muchos menos pueden ser sostenibles con acciones confusas o ambiguas.

Nos consagraron con vacaciones felices a base de préstamos bancarios, al mismo tiempo que no se exigían pruebas del COVID-19 a los turistas ni pruebas masivas en los aeropuertos; además, momentos donde la tasa de desempleo reflejó una disminución de 14 % de trabajadores registrados al 30 de junio de 2020 en el Sistema Único de Información y Recaudo (SUIR), de la Tesorería de la Seguridad Social (TSS), al compararse con la misma fecha de 2019.

La cantidad de trabajadores activos registrados en el SUIR al 30 de junio eran 1, 912,405 empleados, unos 313,983 menos que los 2, 226,338 cotizantes a igual fecha de 2019

También, dentro de estas medidas destacó la designación de supervisores en el Metro para vigilar el cumplimiento del uso de mascarillas y el distanciamiento físico antes y durante del abordaje, y la limpieza frecuente de las superficies en las oficinas, tiendas y terminales de pasajeros con las que se tenga contacto constante.

Pero ¿Cuál supervisión? ¿Cuál distanciamiento?… Cuál?…

El COVID-19 llegó cuando menos lo esperábamos, bajo una dirección gubernamental y un denominado «cambio» de autoridades que se caracterizaron por múltiples improvisaciones y  cuantiosas medidas desacertadas que nos han mantenido en casi 15 meses navegando contra la corriente.

 

 

 

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