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Secuelas económicas del COVID-19 en la comunidad dancística de la Republica Dominicana

Luis Pérez Ovalle 

Republica Dominicana. Teatros cerrados, festivales de danza suspendidos, actividades del patrimonio intangible canceladas, academias y centros de formación sin poder dar clases presenciales y, en muchos casos, directamente cerrados: un panorama desolador para la danza dominicana, que atraviesa una profunda crisis económica. Pero con el agravante de que esta disciplina no cuenta con una ley nacional que regule la actividad ni ampare los derechos de los trabajadores, como por ejemplo sí existe para el cine.

La Asociación Dominicana de Profesionales de la Danza (ADPDANZA), una organización que incorpora a coreógrafos, bailarines, directores, docentes, y gestores de la danza de todo el país, consiguió reunir a cientos de artistas de este sector para dignificar el desarrollo de la danza profesional en República Dominicana, luego de vivir momentos catastróficos y alto porcentaje de desempleo, además una desprotección histórica por el gobierno que la emergencia generada por el COVID-19 acentuó aún más.

La pandemia del COVID-19 empujó a la comunidad dancística a su primera recesión en casi 20 años. Desde su  inicio se han perdido más de 30.000 puestos de trabajo, con repercusiones muy negativas sobre los trabajadores informales de este arte. La tasa de empleo había caído cerca del 90 por ciento. Maestros, coreógrafos, bailarines, entre otros profesionales fueron suspendidos, y en la actualidad no encuentran una luz en el camino que le proyecte integración a las actividades artísticas.

El  17 de marzo del 2020, año que inició la pandemia,  el expresidente Danilo Medina se dirigió a la nación para anunciar una serie de medidas gubernamentales basadas en los protocolos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre ellas la suspensión —en ese entonces por 15 días— de actividades artísticas, espectáculos públicos, eventos culturales y artísticos. Además de salas de Cines y teatros los cuales en la actualidad continúan con ciertas restricciones.

Según reporte del Ministerio de Salud Pública, actualmente el país suma más de 271,500 confirmados  y sobre los 3,500 fallecidos. A nivel mundial, el COVID-19 ha infectado a más de 159 millones de personas.

Aunque estaba pronosticado la reapertura de los teatros y otros escenarios de entretenimiento en meses pasados, luego de iniciar la  paralización por la pandemia, el gobierno actual que lidera Luis Abinader, no da un visto bueno para la reactivación de las acciones que dan efectividad a la danza.

 

Análisis económico por experta

 Para la economista y ex bailarina clásica, Patricia de León, el gremio de la danza, a pesar de estar en constante crecimiento, es bastante reducido al compararlo con otras actividades económicas.

De León, explicó que las opciones de trabajo del bailarín en términos a priori de la pandemia eran en esencia; como docentes, por contrataciones para eventos particulares, videos musicales, elenco de una compañía, etc. Incluso algunas de estas siendo muy escasas. Informó que con la llegada del COVID-19 a nuestras vidas el escenario planteado anteriormente cambia bruscamente. “En términos generales; la situación económica en la que se encontró el país fue y es de suma gravedad”, manifestó.

Gran parte de las actividades de mayor significancia y relevantes a nivel de percepción de ingreso fueron paralizadas, a su vez se paralizaron los sectores más vulnerables, incluyendo el sector artístico. La danza por ser un arte visual, su canal primario siempre ha sido el escenario, un teatro, un estudio, etc. Al paralizarse todo y el gobierno poner en vigencia el toque de queda, la danza sufre una caída brusca.

En la actualidad,  poco a poco se ha trabajado para abrir camino a las artes, Pero las secuelas en la empleomanía tendrán vigencia por más de lo que cualquiera podría desear. El 2021 se presenta como  un año amargo en términos económicos, más aun lo será para un sector vulnerable como es el sector artístico, del que forma parte la danza

 

Danza clásica

 

Según el afamado coreógrafo de danza clásica y director de Ballet Concierto Dominicano, Carlos Veítia, la pandemia ha provocado la suspensión del 95% del profesorado que integran dicha institución, aunque han tratado de reinventarse con el apoyo de la tecnología, considera necesario para sus empleados y para la sociedad la reapertura completamente  de las actividades artísticas.

“Las academias de bailes están cerradas para impartir clases presenciales, trayendo como consecuencia la ausencia de alumnos”, dijo que si antes de la pandemia una institución tenía 200 estudiantes hoy en día tiene 40.

Para Veitía, el gobierno actual ya debió brindar a todo el sector danza un protocolo efectivo que permita la incorporación a dichas manifestaciones culturales. Expresó que las autoridades del país no confían en la disciplina que tienen estas academias por el hecho de no permitirle iniciar sus funciones.

El gremio de la danza corre el riesgo de ser uno de los primeros afectados por la crisis del COVID–19 y no necesariamente uno de los prioritarios a la hora de tomar medidas de respuesta urgente.

En República Dominicana, a pesar de algunos esfuerzos que se pueden valorar, Veitía considera que la sensación de los trabajadores de la cultura fue más bien de desamparo, asegura que desde la pasada gestión las autoridades no brindaron un apoyo económico ni siquiera cuentan con una ley que los proteja en tiempo de actividades pandémicas.

“El gobierno anterior creó el Fondo de Asistencia Social al Empleado, para beneficiar a empleados cuyas empresas cerraron por el estado de emergencia, pero nosotros no fuimos beneficiado, hemos estado llenos de incertidumbre”, comunicó el coreógrafo.

Lya Gómez, bailarina clásica y miembro de la compañía BCD,   los artistas de la danza desde que inicio de la pandemia  están  sufriendo las consecuencias y los últimos en ver una luz en el camino.

“Muchos sectores están funcionando; industrias de alimentos y bebidas, restaurantes, se han hecho aglomeraciones, reuniones grandes  y aun así no nos permiten reintegrarnos bajo un protocolo sanitario” asegura.

La bailarina comunicó  sentirte afectada por la situación,  ya que la mayoría de sus colegas viven de la danza, específicamente  de los eventos que surgen durante el año. Confirmó que el 90 por ciento de los bailarines que residen  en santo domingo se encuentran en una desmedida  crisis económica por consecuencia de la pandemia.

 

Danza contemporánea

La directora y dueña de la escuela de danza contemporánea Vindance, Yesselenny Marte, destacó lo agravante y triste que fue el inicio de la cuarentena. Según expresa se vio en la necesidad de cerrar su centro de formación luego de funcionar durante 11 años.

“Al principio del confinamiento estuvimos dando clases virtuales pero por la ausencia de los estudiantes nos vimos en la obligación de cerrar todas las clases”, Marte describe como fueron esos días, “fueron oscuros, me tuve que endeudar para poder cumplir con las obligaciones de mi escuela “, aseguró el haber pagado alto monto de dinero en las facturas de agua y electricidad sin tener los ingresos correspondientes.

Manifestó que no ha recibido  ayuda  económica  del gobierno y que espera volver a reabrir su centro de danza para poder aportar un granito a la cultura de la Republica Dominicana.

Manifestó que nunca recibió ayuda  económica  del gobierno y que espera volver a reabrir su centro de danza para poder aportar un granito a la cultura de la Republica Dominicana.

Para la maestra de  bailes contemporáneos del Conservatorio de Danzas  Alina Abreu, Emily Ruiz, la danza se alimenta del público, es ese que le da vida, al tener los salones de experimentos y  teatros cerrados no les ha quedado más que ausentarse. Provocando incertidumbre en cientos de bailarines, maestros y gestores culturales.

Según Ruiz, la ausencia de estas acciones ha lanzado a muchos artistas a realizar otras actividades fuera de este arte. Manifestó haber conocido a más de 20 trabajadores independientes que se encuentran realizando trabajo de cocina, decoración, chofer Uber, entre otros de manera involuntaria.

“Los bailarines que viven de los trabajos efímeros, los que conocemos como picoteos, son los que  están sufriendo de manera directa la crisis generada por el  COVID-19”, aseveró

 

Danza Folklórica

Quedan evidenciado las faltas de políticas públicas desde los organismos pertinentes para la protección de este sector, estamos hablando desde seguro de salud hasta otras necesidades básicas. Ese fue el caso de la fundación teatro popular danzante.

Senia rodríguez, directora de la fundación, destaca la crisis económica que vive la danza en la actualidad, que existe no solo en santo domingo también en los lugares turístico específicamente en el sector hotelero. Expresó que dentro de su programación del presente año estaba las realizaciones de presentaciones remuneradas, que iban a permitir un sueldo justo a más de 35 personas perteneciente a dicha organización.

“Se han cancelado presentaciones que involucraban bailarines de diferentes barrios del Distrito Nacional, como La Ciénaga, Guachapita, María Auxiliadora, Gualey, 27 de Febrero y Capotillo, dejando consecuencias psicológicas negativas en cada uno de estos jóvenes”, expresó.

La pandemia también ha impactado el patrimonio vivo de todas las comunidades de la región. Por ejemplo, con la suspensión de los rituales religiosos de la Semana Santa y otras actividades tradicionales grandes y pequeñas, no solo está causando una pérdida económica, sino que ha afectado la cohesión social y las identidades culturales entre estas comunidades.

La folklorista, manifestó que su institución no se encuentro dentro de las ayudas sociales establecidas por el gobierno anterior y que a pesar de solicitarlo para cuatro de sus integrantes hasta el momento no han reciben respuestas.

“Sería muy saludable que estas ayudan continúen ampliándose y que estén disponible nuevamente para el presente año,  porque no sabemos el comportamiento de la pandemia y aún no tenemos una vacuna 100% segura. El área cultural siempre está muy descuidada. Le dan prioridad a la vivienda, educación y salud, no está mal, pero hay que dedicarle tiempo a la cultura porque te alimenta el alma y las herramientas culturales son de transformación social”, expresó.

Según datos económicos del Banco Central sobre el aporte de las actividades culturales al Producto Interno Bruto (PIB), números del ente estatal cuantifican que la Cultura aportó el presente año el 0.3% del PIB (unos 2,845.3 millones). Fue solicitado al Ministerio de Cultura el monto que se le asignó a la danza, pero al cierre de este reportaje no se había recibido el informe.

Danza Urbana

“La resiliencia no es recuperarse de algo. Es reconstruirse. La crisis  económica me han desarmado y me armaron de nuevo siendo una mejor versión de mí”, puntualizó Erick Guzmán director artístico de The Royalty Dance Palace, academia de danza urbana de la cuidad capital.

Para Guzmán,  las medidas de confinamiento impuestas por el COVI-19 han provocado el cierre temporal de su centro formación  artística, por lo que ha tenido que suspender a 15 profesores y 25 bailares, quienes pertenecían  a una compañía de danza  que auspiciaba el centro de estudio.

“Todos aquellos artistas independientes de la danza  o todos los demás,  dondequiera que hayan estado, detrás o encima del escenario, sin un empleo permanente, que vivían de contratos temporales, artistas invitados o tarifas nocturnas, han perdido su sustento de la noche a la mañana”, expresó.

Además de las pérdidas económicas, la crisis originada por la pandemia en el país ha puesto en evidencia, una vez más, la ya precaria situación de que vive el  gremio de la danza. Los  empleos  se ven profundamente perdidos,  además de ser una amenaza para la salud pública, las perturbaciones a nivel económico y social ponen en peligro los medios de vida a largo plazo y el bienestar de miles de personas, artistas llenos de esperanza.

Júnior del villar, quien desempeñaba la función de coreógrafo de danza urbana  en grupo de medios Telemicro, expresa que desde que inicio la pandemia fue suspendido de sus labores, aunque estuvo incluido en el programa fase del gobierno, no pudo responder con sus responsabilidades económicas  teniendo como única opción emigrar a tierras extranjeras.

“Honestamente tuve un desplome económico, soy el sustento de mi familia y entiendo que mi profesión en santo domingo no cuenta con la protección necesaria para vivir en tiempo de crisis sanitaria “, puntualizó.

Asimismo, Diomedes Rodríguez, coreógrafo y bailarín de la compañía de danza Urbana Nucleo Extremo, indicó que en estos momentos se siente muy destrozado por el  desamparo de las autoridades con los artistas de las artes escénicas, también manifestó que no solo los bailarines están en criticas situación sino todo aquel que hace realidad estas actividades.

“Somos trabajadores independientes de la cultura, que hoy estamos en emergencia económica por que nos hemos quedado sin trabajo, y sin posibilidad en lo inmediato de volver al mismo. Nuestra actividad se encuentra totalmente paralizada frente la emergencia sanitaria por el COVID-19 y esto nos coloca a nosotros y a nuestras familias en una situación de vulnerabilidad, ya que no tenemos forma de ejercer nuestra labor y de este modo el sustento básico diario”, confió Rodríguez, quien también es integrante del grupo Da’republic,  ganador del segundo lugar de la competencia internacional  Hip-Hop Internacional.

 

Gestión cultural

Elizabeth Crooke Morel, coreógrafa y gestora, también se encuentra en un proceso de lucha con las nuevas formas de industrializar la danza y hacerla asequible al público. Destaca a la danza como la más afectada de las artes escénicas, por sus características, ya que es necesario el contacto físico entre maestros y bailarines en el desarrollo creativo y de difusión.

La exdirectora del Ballet Folclórico Dominicano, manifestó que el gobierno debió prevenir y tener una política pública en acción a la danza, estrategias que protejan económicamente a cientos de artistas que han trabajado para engrandecer la cultura dominicana.

Consideró que la falta de mecanismo y fuentes de trabajo para la comunidad dancística precisamente se debe a la ausencia en el Ministerio de Cultura, de personas técnicamente adecuadas que respondan a necesidades de este tipo en tiempo de emergencia.

“El sector de la música popular ha recibido ayuda, sus líderes han creado las vías necesarias para ayudar a cientos de músicos que se encontraban en situaciones vulnerable”, indicó Crooke. “a diferencia en este arte muchas producciones se vieron afectadas porque se tuvieron que cerrar los salones de ensayos y además en la parte de las ayudas económicas, algunos compañeros nunca fueron  incluidos en programa. Ni siquiera en el programa Pa’ ti. Se quedaron sin respaldo económico”

La COVID-19 está afectando de manera grave a la vida cultural en todos los ámbitos pero de una manera muy directa a la danza. La contingencia de salud por el coronavirus, ha puesto en evidencia, más que nunca, la fragilidad laboral de este gremio artístico y en juego a la economía de más de 5,000 familias dominicanas que contaban con esas acciones para vivir dignamente.

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