Opinión

Una sociedad estresada

La sociedad dominicana ha sido concebida por observadores locales y extranjeros, como una sociedad bullanguera, dinámica y alegre.

Pero con las medidas impuestas para contrarrestar la pandemia, estas características se están debilitando, pasando a ser, en la medida en que crecen las incertidumbres y las tensiones, una sociedad estresada. Ya va para un año la pandemia que muchos creyeron que era cosa de pocos meses.

Enfrentar la pandemia ha supuesto el distanciamiento físico, disminuir las interacciones y relaciones sociales, minimizar las actividades familiares y con las amistades, reducir marcadamente los entretenimientos fuera de la casa y llevar a cabo la modalidad del teletrabajo y la educación a distancia.

La pandemia ha implicado que nos acojamos a un horario de toque de queda que hace que nos recluyamos a la 12 meridiano, a las 3 o a las 5 de la tarde. Con esto se ha modificado una rutina, lo que además da lugar a la aparición de un sentimiento de soledad.

Junto a lo anterior, muchos han perdido el empleo, se les ha suspendido del trabajo y les faltan los alimentos. Hoy muchos pequeños y medianos negociantes padecen la incertidumbre de qué ocurrirá con sus pequeñas o medianas empresas, en las que han puesto tantos esfuerzos y expectativas.

Y como si lo anterior fuera poco, asistimos en la actualidad a una indetenible carrera alcista de los combustibles y de comestibles tan fundamentales como arroz, leche en polvo, huevos, carne de pollo, víveres y vegetales.

No por casualidad vemos experimentar un crecimiento en los actos de ingesta de alcohol, de tabaco, de estupefacientes, así como en los actos de violencia doméstica, feminicidios, accidentes de tránsito, suicidio, desobediencia civil y de confrontación de ciudadanos con las autoridades policiales, etc.

Un hecho que hace crecer el estrés lo constituye la constante incertidumbre sobre de qué familiar, amigo, allegado o conocido pudiéramos recibir la infausta noticia de su fallecimiento. Sobre este particular debo decir que en el momento en que escribía este artículo me llegó la triste noticia del fallecimiento del apreciado amigo, colega, sociólogo, docente e investigador, maestro de maestros, Walter Cordero. Su partida es una gran pérdida.

Todo el panorama aquí descrito, entiendo que puede tener efectos sobre la salud mental. Las enfermedades y perturbaciones mentales constituyen, en buena medida, un fenómeno social, y los males sociales pueden dañar la salud mental.

Para ayudar a evitar que la misma se afecte, aporto como sugerencia el apoyo o retroalimentación emocional entre familiares, entre amigos, propongo la activa comunicación con amigos y familiares, a través del teléfono y los recursos tecnológicos de comunicación, practicar la solidaridad, ayudar, realizar e inventar actividades dentro de la casa con hijos y pareja (aprovechar ahora), caminar cuando sea posible, leer, escribir, meditar, orar, y como me escribió una entrañable amiga, cuidarse, cuidar y amar.

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